Un cuentito de Laura Junowicz especial para cuando aparece el miedo a la oscuridad ;)
Los ojos destapados
No era que Ofelia le tuviera miedo a la oscuridad, era una
ardilla muy valiente. Pero eso de andar cerrando los ojos en plena noche,
cuando el bosque se llena de ruidos y sombras extrañas, no le gustaba
nada. Por eso, antes de ir a dormir,
juntaba unos cuantos bichitos de luz para que se quedaran a su lado,
iluminando.
Hasta que una noche, los bichitos le dijeron que ya era
tiempo de dormir sin su compañía. Ofelia hizo puchero porque no estaba muy de
acuerdo. Para darle ánimos, los bichitos le dejaron una poción que la ayudaría:
-Esta cáscara de nuez tiene gotas de lágrimas de murciélago.
Si escuchas un ruido o algo te asusta, tomas un sorbito y podrás ver en la
oscuridad.
Así y todo, a Ofelia no la convencía la idea de pasar la
noche sola y a oscuras, pero como sabía que las ardillas grandes no dormían con
bichitos de luz, aceptó.
La noche estaba oscura como el fondo de un baúl. Ofelia,
recostada en una rama, intentaba dormir. En eso, escuchó un ruido y abrió los
ojos de golpe. ¿Un puma? ¿¡Un jaguar!? Tomó un sorbito de la nuez que le habían
dejados los bichitos de luz. Al ratito, la oscuridad se aclaró: el ruido era
una liebre que dormía ceca y, cada tanto, roncaba.
Ofelia respiró aliviada, pero antes de volver a cerrar los
ojos, percibió una sombra moviéndose entre los arbustos ¿Una serpiente
deslizándose? ¡¿Un fantasma?! Tomó otro sorbito de la nuez. Al ratito pudo ver:
el viento arrastraba las hojas caídas en la tierra. Volvió a respirar y, viendo
que no pasaba nada, ahora sí, se durmió profundamente.
-¿Cómo te fue? ¿Dormiste bien?- le preguntaron los bichitos
de luz al otro día.
-¡Dormí como una osa invernando! ¡Y todo gracias a las
gotitas que me dejaron!
Los bichitos se rieron con picardía y le contaron la verdad:
la nuez no tenía lágrimas de murciélago, sino agua de lluvia. La mentirita era
para que pudiera vencer el miedo con coraje. Porque el miedo – y acá viene el
gran secreto - , el miedo nos tapa los ojos.
Ofelia se sintió muy orgullosa de haber podido vencer el
miedo que tapa los ojos, y pensó que si le había salido una vez, podría volver
a hacerlo. Y así fue, ya no hubo noche en que no pudiera ver.
Cada vez que
escuchaba o sentía algo extraño, con los ojos bien destapados de coraje, miraba
mejor, y sanseacabó.