Hoy traigo un cuento para antes de dormir...si se lo leemos a nuestros niños con intensidad, interpretando el ánimo de los dragones enamorados, jugando entre el amor - el sentimiento más dulce - y estas criaturas furiosas aunque fogosas, con seguridad estaremos motivando algún sueño aventurero que llegue al cielo montado en una entrella fugaz y una cometa luminosa...
Amor de dragón
Cuando los dragones se aman se desatan los maremotos, los volcanes lanzan un fuego endemoniado y los huracanes largan una furia que hace pensar que ha llegado el fin del mundo. Por eso a veces, para amarse sin molestar a nadie, vuelan hasta el cielo más alto, donde las estrellas casi están al alcance de la mano.
Y los dragones creen que el mundo queda en calma. Pero se equivocan. Entonces caen rayos y centellas, el cielo parece desplomarse con truenos aterradores, las estrellas fugaces y los cometas de largas colas luminosas corren de un lado para el otro sembrando el pavor, y los tornados enfurecidos se tragan medio mundo.
O la luna o el sol parecen borrarse lentamente en el cielo y todos dicen que hay un eclipse, dando minuciosas explicaciones de cómo la tierra se coloca entre el sol y la luna o la luna delante del sol y etcétera y etcétera.
Vanas explicaciones. Las dicen los que nunca miran bien. Si mirasen bien verían claramente la figura de dos dragones que se aman y que van tapando la luz de los astros según se acerquen o se alejen.
Cada vez que alguien piense que está llegando el fin del mundo sólo tiene que abrir los ojos de mirar bien. Los ojos grandes de mirar lejos. Y no creer en tonteras. Pero eso no es nada fácil.
Gustavo Roldán.
Papá, mamá, abuela, abuelo, tío, tía, hermanita o hermanito, quien lea este cuento, enviele dulces sueños a mi pequeño cuentero.